Productos de venta directa — qué llevan dentro y cuánto cuestan
Revisamos productos que se venden por teléfono y se pagan al recibirlos. De cada uno indicamos la composición, el precio final con envío incluido y, sobre todo, lo que el fabricante no publica.
Eso último suele ser lo decisivo. Sin las cantidades de cada ingrediente, un producto no se puede comparar con ningún otro, ni con el de farmacia ni con el de la competencia. Cuando el fabricante las da, las escribimos; cuando no, también lo decimos.
No son medicamentos y no sustituyen a una consulta. En cada ficha señalamos cuándo acudir al médico importa más que hacer un pedido.
En qué nos fijamos en cada producto
- Cantidades, no nombres. Una lista de ingredientes sin porcentajes ni miligramos no dice nada: el mismo extracto puede ser el 40 % de la dosis o una pizca para poder nombrarlo en la etiqueta.
- La proporción de extracción. La indicación 4:1 significa que de cuatro partes de materia prima se obtiene una de extracto. Sin ese dato los miligramos no se pueden comparar.
- El precio final. Comprobamos si el importe indicado incluye el envío y si al recibirlo se añade algún recargo por contra reembolso.
- El formato. Cápsulas, gotas, espray y crema actúan de forma distinta y se aplican de forma distinta; en la venta telefónica suele confundirse.
Cómo funciona la venta por teléfono
Deja su nombre y su teléfono, un asesor le llama y concreta los detalles. El pedido nace en la llamada y se paga al recibirlo, sin pago por adelantado y sin dar datos de la tarjeta.
La parte del contrato es el vendedor del producto, no este sitio. Sus datos los recibe al confirmar el pedido y con el envío; a él dirige las reclamaciones y, en su caso, el desistimiento.